Bitácora

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Inquietud por el vacío

Una conversación entre Fernando Ituarte y Mauricio Rocha

Fernando: Hablemos de procesos. Para mí Sustracción no es una exposición sobre algo terminado sino un proceso, debe de entenderse como parte de algo más grande. Como alguna vez dijiste, es una forma de compartir y construir ideas y pensamiento, en lugar de obras tangibles.

Mauricio Rocha Lo tangible es un pretexto. No es que no tenga importancia lo construido, pero está claro que la construcción de ideas a partir de lo que construyes es lo más importante. Tu trabajo lo estás y seguirás construyendo. Es lo que todos hacemos con nuestro trabajo, la gente inteligente tiene que acercarse a gente que le ayude a seguir pensando de distintas formas. Creo que en este caso cómplices como Humberto Ricalde han sido importantes para transformar tu investigación en una exposición, convertirla en diálogo. Pero el que esté o no esté Humberto no limita el proceso de esta investigación.

Fernando Creo que los procesos son personales. Si bien siempre ayudan las estocadas más grandes o más profundas de gente que te marca, creo que el proceso de las inquietudes sí es de cada quien. Humberto está presente en el despertar de la inquietud no tanto por las minas de Carrara, porque nunca me habló de ellas, pero sí del interés en el vacío, la importancia de lo no tangible. También en acercarme a la gente que tiene las mismas inquietudes.

Mauricio Lo que extrañas en Humberto es una persona que lee tu trabajo, lo discute, lo cuestiona. Acompañarte la vida de gente en este sentido es un espejo, no es que el otro te diga qué hacer, sino una oportunidad de que alguien construya con tu trabajo.

Fernando Las fotografías surgen de la inquietud por el proceso, como una referencia meramente visual. Más allá de su escala, lo que llama la atención en las minas no es el objeto formal, sino el resultado de un proceso. La arquitectura se ocupa de construir lo que no existe, hacer espacio vacío a partir de límites y materia. En la mina yo entendí que la arquitectura se hacía así, que un espacio vaciado, vacío, también es arquitectura. Nadie se preocupó porque la mina fuera bonita por dentro, pero el proceso de la extracción de la piedra resulta en algo tremendamente atractivo, por lo agresivo de la intervención en el paisaje y la fuerza espacial que tienen. Todavía más si a eso sumamos el hecho de que las minas son parte de un proceso de sustracción de materia para obtener un material con el que se construye una obra, y que ese proceso de extracción dejó otra obra, mucho más grande, hecha a partir del negativo. Lo importante entonces no es la arquitectura, sino la reflexión arquitectónica.

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Mauricio En ese sentido, lo esencial de tu trabajo no son las piezas fotográficas, sino el pretexto para hablar de esos vacíos socavados en las canteras. Es atractivo pensar que esas piezas se vuelven objetuales: como las fotografías del dibujo de Orozco en Casa Barragán, o las de Albers, que al final de cuentas con la misma no-importancia son ideas, con la comodidad de cosas que colocas de manera muy fresca alrededor del transcurrir del espacio para simplemente eso, compartir reflexiones.

Las fotografías que tomas pueden ser importantes, pero lo más importante es que estás documentando ese proceso del que hablas: cuando en las canteras se deciden, por cuestiones funcionales, hacer estos cortes muy geométricos, perfectos, para extraer las piezas de mármol que van a vender, se da por naturaleza un vacío geometrizado que contrasta con las topografías orgánicas del lugar, un trabajo negativo que perfora y transforma el paisaje. Quedan entonces dos pieles diferentes: la piel orgánica y la piel trabajada por la naturaleza del ejercicio humano. Ese contraste termina en una transparente condición de transformación del lugar que emociona y además alimenta el trabajo que hacemos como arquitectos.

¿Quién dice que la arquitectura es una invención volumétrica de algo que tenemos que armar? En este caso es la sustracción la que te permite provocar un espacio. Además, evoca el contraste entre lo trabajado y la fuerza de la naturaleza. Eso lo tienen las obras de canteras y en eso compartimos esa emoción, esa evocación que hace que uno lo quiera trastocar y llevar a otro lugar. Aquí se revela el fenómeno humano, cultural, de alguien que por necesidad toca el material, le da otro sentido. Esa transformación se convierte en una experiencia.

¿Por qué las construcciones industriales son tan contundentes, tan claras, tan emocionantes? ¿Por qué seducen tanto estos silos, estos tanques, que además contrastan con el paisaje? Ahí nadie quiso hacer arquitectura: son piezas que sirven para servir, de ahí parten sus mecanismos y lógicas. Sucede con los Becher y sus fotografías de tinacos y cementeras, que son impactantes como motivo de pensar para luego hacer arquitectura. En ambos casos no hay ni la pretensión del arte ni la pretensión de la arquitectura misma. Sin embargo, es algo que nos hace pensar,  “¿Por qué a mí eso me interesa?”

Fernando Creo que nos atrae esa pureza y sinceridad constructiva, una relación sincera con el proceso a través del que construyes,  cómo construyes, para quién construyes. Una fábrica la sacudes y no sobra un tornillo; aquí tampoco. Sin embargo, a las fábricas hay que ponerles, son aditivas. Lo opuesto de las minas, de la sustracción.

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Mauricio Lo fascinante es que aquí hay un sistema puro, sin pretensiones de convertirse en otra cosa. Hay un trabajo espectacular de transformación de la naturaleza, eso es lo que me parece a mí apasionante y atractivo para investigar: ver de qué manera se deconstruye  un sistema para seguir tus propios caminos. La primera manera de atraparlo o de pensarlo es fotografiándolo, y dibujándolo, por supuesto. El paisaje siempre se transforma, lo transforma una vaca cuando decide comerse el pastizal o las hormigas excavando. ¿Eso es bueno o malo? Lo seres orgánicos transforman el paisaje por necesidad. También aquí el ser humano transforma el paisaje por una necesidad, porque hay una materia prima que le permite seguir sobreviviendo. No es sólo explotación: hay una estética de la transformación, que debe traer su parte trágica pero también debe tener una cosa emocionante, como es emocionante la transformación humana. Pero, ¿por qué no esto es una manera de construir arquitectura?

Fernando Es lo que digo, cuando te toca hacer una casa te dan un terreno plano, pero ¿qué pasa si propones excavar? Sería casi imposible. ¿Dónde encontramos construcción a partir del espacio vacío? ¿Dónde existe el lugar donde se construye a partir de la materia deshecha?  Quizás en el trabajo de Chillida, pero en el día a día de un arquitecto ¿hay que hacer siempre arquitectura desde la adición?

Mauricio Es lo que hacían en Taos, los edificios se iban esculpiendo a partir de la piedra, el proceso de excavar genera espacios que sí pueden ser habitables. Mencionas Chillida, pero para mi sorpresa, el cementerio de Igualada de Miralles de alguna manera también es una transformación del paisaje a partir de la contención, de una lectura de la propia topografía. Es una manera de ir consolidando topografías que ya existían. Pareciera que a Miralles le bastó leer un lugar, entenderlo y decir: “Aquí”. Es una arquitectura que consolida topografías preexistentes, una arquitectura que todavía no está tan viciada.

Fernando Me recuerda lo que dices sobre la obra como el mejor momento para entender y ver un edificio, cuando todavía es concreto aparente. Tal vez el verdadero dilema de la expresión estructural está en lidiar con que todo lo que viene después no recubra y distorsione lo importante. Volviendo a las fotografías, la verdad es que si encima tomamos en cuenta la escala, pues sí es muy impactante. En uno de estos boquetes en el cerro caben unas diez casas.

Mauricio ¿Recuerdas las fotografías de las minas de  Sebastião Salgado? Ahí es otra cosa, porque ahí lo que es impresionante es ver el hormiguero de gente trabajando, algo trágico, pero también emocionante. Lo que está clarísimo es que si las fotografías las tratáramos como obras, como objeto de arte, perderían fuerza. En ese sentido me gusta que en la exposición se mezclen con esta decisión de Barragán de tener un cuadro que le gustaba, y no tenía problema con colgar o recargar en su casa una simple reproducción. No me imagino a Barragán invirtiendo mucho dinero en una pieza. A Barragán jamás le interesó tener un piezas de arte, nunca fue coleccionista. Él imprimía y de manera humilde reinterpretaba obras, porque lo que le interesaba eran las ideas no las obras en sí mismas. Así sucede con tu trabajo: las piezas fotográficas no buscan ser piezas de arte, sino pretextos para pensar y conversar.

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Fernando Yo por eso siento esta relación tan íntima de la exposición con la casa. Presentar el trabajo en Casa Barragán tiene una fuerza precisa. Creo es de los pocos espacios en el mundo donde uno podría imaginar que Barragán no compró un terreno plano, sino una masa de materia, que él fue vaciando. La densidad del espacio de la casa remite a las minas y a la sustracción.

Mauricio Lo que es bonito de la casa Barragán, sin lugar a dudas es su vacío, cómo fluye y cómo transcurre la experiencia a partir de cómo mueve la masa. El volumen no importa, lo importante, como en la minas, es el vacío.