Bitácora

Ruina

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“El motivo de la ruina se presta para distintas interpretaciones. La ruina, en este caso, no es el símbolo de un periodo histórico –marcado por la corrupción y el enriquecimiento ilícito- que ha sido superado. Más bien, el Partenón de Durazo, como ruina, puede ser visto dentro de una genealogía como el punto de origen de un particular estilo de construcción que privilegia una solución kitsch del lenguaje clásico de la arquitectura con el fin de denotar poder y riqueza de manera conspicua sin el mínimo conocimiento del origen de dicho estilo y los valores que se le ha otorgado históricamente como, podría ser, su uso como representación de un orden democrático y justo. En un extraño revés tropical de significado, el lenguaje clásico de la arquitectura en Zihuatanejo se asocia a la corrupción, el autoritarismo y la ilegalidad. Bajo esta perspectiva, no sorprende, que el modelo arquitectónico de Durazo haya sido emulado, desde la década de los setenta, para la construcción de otras residencias de políticos que se enriquecieron súbitamente. Tampoco llama la atención que sea una solución común en los proyectos arquitectónicos del crimen organizado; como se sabe, el lenguaje clásico de la arquitectura ha sido uno de los estilos recurrentes de la narcoarquitectura.”

Daniel Garza Usabiaga, “Capricho enfático: el Partenón de Durazo”, Domus México, no. 3, octubre-noviembre 2012.